DEVOCIONAL: HAMBRE Y SED DE JUSTICIA.

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Cierta niña fue a visitar a su tía, que vivía en otra provincia. Un día ésta la encontró llorando. "¿Qué te pasa, querida?", le preguntó. "Tengo hambre, nada más", respondió la niña. "No necesitas pasar hambre en la casa de tu tía", contesto ella. A los pocos segundos volvió con una taza de leche y pan. "No tengo hambre de estas cosas", dijo la niña, "sino de oír decir a mamá: 'Ven preciosa, un beso para mamá'".

La niña no tenía el vocabulario para describir lo que sentía, pero ¡Qué manera tan adecuada para decirlo! Dios nos creó para estar con Él. Y al estar con Él, nuestra alma se sacia y se nutre con Su presencia. Cuando el pecado entró en la vida del hombre, su espíritu murió.

Pero el Espíritu de Dios viene y comienza a inquietar o avivar a este espíritu muerto. Poco a poco el hombre comienza a enterarse que algo no esta bien y se despierta en él un deseo para algo más en la vida. Lo hace sin saber que este "algo" que anhela es Dios. Pablo dijo que Dios estableció limites en el hombre para frustrarlo con el fin de que "que buscaran a Dios, si de alguna manera, palpando, le hallen, aunque no está lejos de ninguno de nosotros; porque en Él vivimos, nos movemos y existimos" (Hechos 17:27-28). El alma del ser humano, por naturaleza y en ignorancia, anhela a Dios.

El hijo pródigo en Lucas 15:11-32 llegó hasta el punto de comer con los cerdos en su afán de buscar algo que saciaba su alma. (Tienes que imaginar cómo esta parábola chocaba a los judíos que aborrecían a los cerdos.) De la misma manera el hombre llega a niveles muy bajos cuando busca saciar el hambre de su ser y rehúsa volver a su Padre Celestial para comer de Su mesa.

Cristo dijo, "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados" (Mateo 5:6). Para mí, esta es una de las promesas más hermosas en la Biblia porque ofrece esperanza al alma inquieta que busca palpando para ese "algo" que puede saciar el hambre de su ser. Pero el alma del ser humano nunca estará saciada hasta que se encuentra de nuevo con su Creador y bebe de este Agua Viva y come del Pan de la Vida. Jesucristo dijo que Él mismo era el Pan de la Vida (Juan 6:35) y el Agua Viva (Juan 4:10).

Si has tenido un encuentro personal con Jesucristo, has notado que el hambre sigue, pero ahora es diferente. Es que ahora sabemos que nuestra alma necesita de Dios y la única manera que podemos saciar nuestro hambre es por medio de una relación estrecha con el Creador. La oración es lo que afirma cada vez más nuestro amor y vínculo con el Señor.

NADIE PUEDE COMER O BEBER POR TI PARA SACIAR TU HAMBRE Y SED.

(Salmos 63:1) Oh Dios, tú eres mi Dios; te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua.

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